¿Súper mujeres?
Análisis comunicación política & Colaboraciones en medios & Política en femenino

¿Súper mujeres?

13/05/2013

Artículo publicado en Política en femenino

El pasado 8 de marzo, con motivo del día internacional de la mujer, el Parlamento Europeo publicaba el gráfico que podéis ver más abajo. Estamos en pleno siglo XXI, pero parece que hay “tradiciones” que resisten al paso del tiempo. Una de ellas es sin duda arrinconar a la mujer por detrás de todo hombre –desde donde se supone que nos volvemos “grandes”. Seguimos a la espera, en segundo plano, sumisas a veces, rebeldes otras, pero aún “inferiores”…super-mujeres

Ellos ocupan mejores puestos de trabajo, cobran más por las mismas tareas, sufren menos el desempleo y, aunque la cosa ha mejorado, nosotras seguimos principalmente al frente de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. A nosotras nos afectan más los estereotipos –el físico tiene un peso mayor en nuestro currículum que en el de los hombres, donde prima su valía profesional- y, por si fuera poco, la idea de que es mejor una mujer parada a un hombre sin empleo sigue fuertemente arraigada.

El gráfico lleva por título ¿Súper mujeres? Mi pregunta es: ¿qué entendemos por súper mujer? ¿No es acaso una súper mujer aquella madre soltera, pluriempleada y con escasos ingresos que lucha por mantener su dignidad y la de sus hijos? Una mujer que debe renunciar a su vida personal, a su tiempo de ocio, a sus sueños por cuidar de unos padres enfermos, ¿sería una súper mujer? ¿O una súper mujer solo es aquella “ejecutiva agresiva” con traje-pantalón, maletín de cuero y actitud de ordeno y mando que ha alcanzado las altas esferas de la vida política, económica y social?

Sin querer afirmar con las hipótesis anteriores que no existan súper hombres, es evidente que la crisis y los recortes en educación y sanidad nos afectan sobre todo a las mujeres. La falta de guarderías públicas, la supresión de actividades extraescolares, la reducción de educadores para niños con necesidades especiales… El cierre de centros de día, los recortes en ayudas a personas con dependencia o en trabajadores sociales; todo ello repercute especialmente en las mujeres, que asumen mayoritariamente el cuidado de los niños y de los ancianos. Se trata de súper mujeres anónimas a las que nadie reconoce su labor. Súper mujeres que, seguramente, lo único que desean sea ser mujeres, a secas, sin tener que poner en práctica esos súper poderes necesarios para trabajar, educar, llevar la casa y mantener la dignidad al mismo tiempo…

¿Por qué sigue costándonos tanto tener las mismas oportunidades que a ellos? Ya no digo ser iguales, porque no lo somos y nunca lo seremos –afortunadamente-, pero sí ser tratados ambos por igual. ¿Quién nos pone tantas barreras? ¿Ellos, nosotras, la naturaleza humana que nos dio la capacidad de engendrar vida? Por suerte o por desgracia, no hay una única respuesta. Nos queda mucho trabajo por hacer, muchos derechos por reivindicar, y eso lo tendremos que hacer entre todos: mujeres y hombres.

Pero, en esta tarea, ¿quién nos representa? ¿Quién porta nuestra voz entre la opinión pública? ¿Quién dirige los asuntos públicos que condicionan nuestro día a día? A excepción de movimientos feministas o grupos de presión en defensa de los derechos de la mujer –que, como cualquier movimiento reivindicativo, siempre son considerados una cosa aparte-, la res publica está controlada por hombres y por alguna súper mujer que, en la mayoría de casos, es idéntica a su homólogo masculino. Mientras no se naturaliza que la mujer puede alcanzar los mismos puestos de responsabilidad que un hombre, las que llegan más arriba suelen ser como ellos: anteponen la tenacidad al diálogo, la firmeza a la emotividad; si tienen hijos, han renunciado a su cuidado; si son atractivas, potencian su lado intelectual para que nadie las cuestione –mientras que en el caso de los hombres ni se plantea el dilema… No todas son así. Como siempre, hay excepciones, pero sigue siendo el ejemplo residual. Así pues, ¿quién debe cambiar? ¿Nosotras, asimilándonos cada vez más a ellos en todo? ¿Ellos, cediendo terreno? ¿Nosotras, reivindicando nuestra autenticidad? ¿Ellos, valorándonos tal y como somos? ¿O todos juntos, rompiendo clichés, creencias absurdas que nos limitan, flexibilizando una cultura empresarial que pone trabas a la mujer intrínsecamente, apreciando la riqueza de la diversidad, apostando por medidas inteligentes y prácticas en vez de vistosas, siendo generosos…?

Tengo tantas preguntas en la cabeza y me cuesta tanto darles repuesta…

0

Follow Sandra on

A %d blogueros les gusta esto: