Sobre el lenguaje del telemárketing en época de crisis
Comunicación empresarial

Sobre el lenguaje del telemárketing en época de crisis

24/02/2012

Señores de Banco CAM y empresas subcontratadas por este para labores de marketing,
Ya que últimamente se interesan ustedes tanto por mi salud, les dedico este post con todo mi cariño a ver si, aplicándose el cuento, son capaces de enchufar alguna cobertura sanitaria, ya que han demostrado sobradamente que la banca no es lo suyo…

– Punto número uno. Si me llaman siempre a horas intempestivas, a la hora de la comida o lo que es aún peor, aciertan a llamarme a la hora de la siesta uno de los contadísimos días en los que puedo disfrutar de una, no se extrañen de que mi actitud sea agria y que ya de entrada no tenga ninguna intención de atender a su llamada. Tengan en cuenta los hábitos de los españoles si quieren que su predisposición sea positiva de entrada.telemarketing

– Pongan alguna coma más en los inefables textos que preparan para sus telefonistas. Las pobres se ahogan antes de llegar al final de la frase y yo me aburro soberanamente. Con razón.

– Un poco de sinceridad, que ya somos mayorcitos. No graban la llamada “por mi seguridad”, lo hacen para que pique tan pronto baje la guarde y acabe contratándoles alguno de sus extraños productos. Porque no me dirán ahora ustedes que es casual que todas las parrafadas de sus telefonistas terminen con una frase pseudo-retórica del estilo: “¿verdad, señora Sandra?”, en la que esperan que yo diga “sí, quiero”. Como ya les dije que no atiendo llamadas en la hora de la siesta, estoy lo suficientemente despierta para contestar: “¡Pues va a ser que no!

– Insisto. Agradezco sinceramente que se preocupen ustedes tanto por mi salud. De nuevo, hay que ver qué coincidencia que lo hagan en un momento en que los recortes en sanidad pública no dejan de ser noticia. Pero les recuerdo que tengo 28 años y que llevo una vida considerablemente saludable, así que les ruego borren de mis llamadas la preciosa frase de: “Hoy en día, desgraciadamente, como usted bien sabe señora Bravo, existen numerosas posibilidades de que contraigamos una enfermedad grave como el cáncer o tengamos un accidente laboral o de tráfico que nos cause una invalidez total o parcial…” Después de esto mi mente no puede evitar desconectar y ya poco me importa la coletilla de, “ante esta situación nosotros les garantizamos chopocientos euros al mes”. Francamente, como no los podría disfrutar mucho, dedíquenlos a otra cosa.

– Supongo que el miedo es para ustedes el recurso más fácil para captar a sus víctimas, pero si no mejoran un poco la redacción de sus argumentarios, en la mayoría de casos lo único que van a conseguir es poner de mal humor al personal.

– Si un hombre en una discoteca llega a entenderlo, una telefonista no lo puede tener tan complicado. N+O = no. Adverbio de negación. “Para negar, principalmente respondiendo a una pregunta” (RAE dixit). Así que cuando les digo esto, se pueden ahorrar respuestas del estilo: “¿Está usted segura, doña Sandra?” Yes, I am!

– Cuando me hablan de TAES, comisiones y otras cifras varias a velocidad del crucero, no me entero de nada. De hecho, tampoco lo haría aunque me repitieran cada palabra dos veces. ¿Se podrían esforzar en traducirlo? ¡Cualquiera diría que lo hacen a posta para que nadie les entienda!

– Con un lenguaje más sencillo, del que se suele escuchar cada día por la calle, ahorrarían ustedes tiempo y empatizarían mejor con el receptor. No se notaría tanto que las telefonistas recitan un texto predefinido, en el que el exceso de tecnicismos –en este caso económicos y sanitarios- les hace trabarse en alguna ocasión y les dificulta mantener un ritmo natural a la hora de hablar, y el oyente quizá se animaría a hacer alguna pregunta que no ponga en evidencia su ignorancia sobre todo lo que acaba de escuchar.

– Por último decirles que está muy feo que, después de atenderles amablemente, pese haberles insistido en que no me interesa nada de lo que venden, recurran a una última argucia para captarme en su lista de incautos a los que se les escapó un leve “”. Ya que sus últimas palabras son del estilo: “Este plan no tiene ningún tipo de coste durante los próximos tres meses, así que, si todos los datos son correctos, recibirá usted en su domicilio toda la información necesaria y pasará a disfrutar de nuestra cobertura sanitaria desde las doce de esta noche. Sin coste alguno, doña Sandra, y sin la necesidad de realizar ningún otro trámite. ¿De acuerdo, señora Sandra?” ¡No! No estoy de acuerdo y se pueden ahorrar el trozo de arbolito correspondiente en los que imprimirían las confusas condiciones de su cobertura sanitaria!

P.D.1 En realidad este post podría titularse “sobre el lenguaje del telemarketing”, sin la coletilla de la crisis, si bien es verdad que se ha notado –al menos yo lo noto- un aumento en las llamadas sobre promociones varias. Así que insisto: el miedo no es el medio y si no innovan un poco en su lenguaje y en sus formas, no conseguirán que la gente haga un esfuerzo económico en un momento especialmente duro. ¡Reinventarse o morir!

P.D.2 Mi pésame a las pobres telefonistas a las que deben pagar dos duros por hacer este trabajo y que seguramente, en más de una ocasión, tendrían ganas de gritar a los cuatro vientos: “Este producto es un timo!”. Pero claro, también “por su seguridad” esta llamada está siendo grabada…

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  • SorMaríalaLoca

    Me ha encantado lo de:
    Con un lenguaje más sencillo … “empalizarían” mejor con el receptor.
    Acto fallido muy oportuno

  • Ups! Lapsus linguae! 😉 Pero ahora que lo dices…

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