Palabros políticos. Wert y la “inequidad antiequitativa”
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Palabros políticos. Wert y la “inequidad antiequitativa”

18/10/2013

Leía esta mañana una extensa entrevista al ministro de educación, José Ignacio Wert, publicada en El País. Debo reconocer que la entrevista me ha resultado densa y caótica, no tanto por las preguntas del periodista, sino por las idas y venidas del ministro de educación. Llevo ya tiempo horrorizándome con el crecimiento exponencial de los eufemismos en la oratoria política –y sorprendiéndome por la creatividad de algunos a la hora de llamar a las cosas por cualquier cosa, excepto por su nombre.

jose-ignacio-wert

La mencionada entrevista es un buen compendio de expresiones de este calibre, pero entre todas me quedo con la respuesta a la siguiente pregunta:

P. Con los recortes, el endurecimiento de los requisitos para conseguir una beca, la subida de tasas… ¿Usted asegura que está garantizada la equidad?

R. La equidad nunca está garantizada. Está mejor o peor defendida, pero nunca está garantizada la equidad perfecta. Ahora, las modificaciones en el régimen de concesión de las becas o las tasas no solo no son antiequitativas, sino que atienden mejor a la equidad sustancial. Eso quiere decir que una persona con un talento A tiene las mismas oportunidades que una persona con ese mismo talento A por distintas que sean sus capacidades económicas. Y creo que eso está preservado. La equidad no solo hay que considerarla desde la perspectiva de la igualdad de oportunidades, también desde los resultados, y no hay inequidad mayor que la que deja en la cuneta a una cuarta parte de los estudiantes sin la menor posibilidad de insertarse con éxito en su vida personal y profesional al salir del sistema educativo.

No sé vosotros, pero yo he necesitado leer este fragmento unas cuantas veces y aún así no logro entender del todo su significado. ¡Cualquiera diría que la intención del ministro es precisamente esa: que nadie le entienda..!

Demos un vistazo a nuestro querido DRAE…

equidad.

(Del lat. aequĭtas, -ātis).

1. f. Igualdad de ánimo.

2. f. Bondadosa templanza habitual. Propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley.

3. f. Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva.

4. f. Moderación en el precio de las cosas, o en las condiciones de los contratos.

5. f. Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.

perfecto, ta.

(Del lat. perfectus).

1. adj. Que tiene el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea.

2. adj. Que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto. Jesús es un perfecto caballero.

3. adj. Der. De plena eficacia jurídica.

antiequitativo

La palabra antiequitativo no está en el Diccionario.

sustancial.

1. adj. Perteneciente o relativo a la sustancia.

2. adj. sustancioso.

3. adj. Que constituye lo esencial y más importante de algo.

inequitativo

La palabra inequitativo no está registrada en el Diccionario. La que se muestra a continuación tiene formas con una escritura cercana.

equitativo, va.

Pasando por alto el hecho que un ministro de educación se invente dos palabros inexistentes en una única respuesta, cabe resaltar la complejidad de la misma.

Mezcla conceptos abstractos con adjetivos muy “amplios”: equidad perfecta, equidad sustancial

Habla de manera compleja y no ofrece ningún ejemplo concreto que permita visualizar mejor sus palabras.

Utiliza oraciones negativas con palabras (inexistentes) formuladas también en negativo: no solo no son antiequitativas, no hay inequidad mayor

Omite cualquier tipo de explicación a sentencias que asume como verdad absoluta: [las medidas actuales] atienden mejor a la equidad sustancial. Eso quiere decir que una persona con un talento A tiene las mismas oportunidades que una persona con ese mismo talento A por distintas que sean sus capacidades económicas. ¿Por qué esto es así?

Se trata solo de algunos ejemplos de una única respuesta, en una interminable entrevista repleta de eufemismos, expresiones complejas, perífrasis y estructuras infumables que ningún ciudadano de a pie utilizaría para hablar con otra persona. Señores políticos, ¡dejen de hablar solo para ustedes y utilicen un lenguaje que todo el mundo entienda: claro, conciso y correcto! La transparencia que hoy en día está en boca de todos se consigue antes con acciones como estas que con complejas leyes que, ya en su formulación, son opacas e ineficaces.

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