Escribir para ligar. O al menos intentarlo
Comunicación personal

Escribir para ligar. O al menos intentarlo

07/09/2016

A ver… No quiero alimentar falsas esperanzas con este post. No tengo la receta mágica para que te conviertas en un Casanova o en una femme fatale de la noche a la mañana por tu forma de escribir, pero si sigues los simples consejos que humildemente te daré, conseguirás que personas como yo no huyan despavoridas cada vez que lean tus mensajes. Aunque, bueno, es posible que las personas como yo no seamos tu público objetivo y entonces te va a dar igual lo que yo te diga, pero, aunque sólo sea para dejar de darle patadas al diccionario y evitar que mueran más gatitos inocentes, dedícame unos segundos de tu existencia. ¡Gracias!

En un mundo de aplicaciones y comunicaciones por escrito las interacciones cara a cara y de viva voz han quedado relegadas a un segundo plano (el de después de conseguir su número de teléfono y camelártel@ por Whatsapp para tener una cita). Gracias a Dios (o más bien al creador de los mismos), los emoticonos evitan que nos sangren los ojos más de lo que ya nos sangran con según qué mensajes… ¿Es que no hay manera de tenerle un poquito más de amor al lenguaje? Faltas de ortografía, sintaxis y puntuación inundan los mensajes que recibimos cada día.

¿Alguna de estas excusas te suena familiar? “Utilizo la ka para abreviar”, “La hache, como no se pronuncia, no la escribo. Total, no sirve para nada”, “Normalmente no escribo así, pero como somos colegas y es un Whatsapp no me caliento la cabeza” o, la mejor de todas, “¡Qué más da cómo se escriba, si lo importante es que nos entendamos! Y tú me entiendes, ¿verdad?”. Estas míticas justificaciones, en realidad, nunca las recibiremos así. He respetado la ortografía y normas de puntuación. Manías que tiene una…

Hace un tiempo, comentando con un amigo un vídeo de Youtube vía Whatsapp , le dije: Me gusta mucho esta canción. Y él me contestó: Y a mi tu (sic). Por un momento dudé si me estaba tirando la caña, hasta que deduje que se refería a la canción: Y a mí, tú, (donde la coma, además de eludir una oración predicativa, marca la entrada de un vocativo típico del lenguaje oral). Mi no es lo mismo que , tu no es lo mismo que y aquella frase que me mandó no tiene ningún sentido tal y como está escrita. A veces me dan ganas de responder “No te entiendo”, pero creo que sólo conseguiría una explicación plagada igualmente de faltas, mientras que la otra persona pensaría que soy más rubia de lo que parezco.

Siendo realistas, no enseñaré a nadie a escribir con este artículo, pero sí que recomiendo, como mínimo, dedicarle más atención a lo que escribimos. En definitiva, ponle un poco de cariñito al asunto, fíjate en si hay alguna falta antes de darle a enviar (¿el corrector del móvil te marca algo en rojo?) e intenta que la otra persona no se ahogue, si le toca leer un extenso mensaje sin ningún signo de puntuación a la vista.

Dicho esto, os dejo un regalito para los más visuales: unas viñetas geniales de Sabina Urraca, más conocida como Sopapo, que realizó un genial proyecto de “porno ortográfico”. En diferentes ilustraciones, recopiladas en Tus faltas de ortografía hacen llorar al niño Dios, Sopapo repasa (haciendo honor a su nombre artístico) las faltas de ortografía más comunes, acompañadas de escenas porno que ilustran el mensaje. Como ella misma lo describe, se trata de “un manual que aúna corrección ortográfica y sucio mete-saca”. Además, creo que algunas de sus viñetas pueden integrarse como prácticas reglas mnemotécnicas. La mala noticia es que su manual está agotado, aunque el señor Google os puede echar una mano encontrando material.

Llegados a este punto quizá penséis que soy una histérica del lenguaje (y es posible que tengáis razón), pero en el fondo creo que un medio de comunicación tan importante para las personas se merece, como mínimo, un poquito de respeto 😉

Ay! garaje preveer Valla vaya

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