Entrevista a Xavier Casals, Doctor en Historia especializado en el estudio de la extrema derecha
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Entrevista a Xavier Casals, Doctor en Historia especializado en el estudio de la extrema derecha

06/03/2014

Os dejo aquí una entrevista con Xavier Casals, a quien estoy muy agradecida por su tiempo. La entrevista ha sido publicada en el último número de El Molinillo de ACOP.

“Las nuevas formaciones de extrema derecha se dirigen a un electorado muy amplio y transversal que suele declararse ninista, ni de derechas ni de izquierdas”

xavier-casals

Xavier Casals es doctor en Historia por la Universidad de Barcelona. Su tesis analizó la evolución del neonazismo español y fue publicada en 1995 con el título Neonazis en España. De las audiciones wagnerianas a los skinheads (1966-1995). Desde entonces, ha centrado la mayoría de sus ensayos y trabajos de investigación en la evolución de la extrema derecha en Europa Occidental desde la posguerra hasta el presente , y en las relaciones entre dictadura y monarquía en la España del siglo XX.

Actualmente estudia las dinámicas de cambio político en España y la eclosión de tendencias populistas, como refleja su trabajo El pueblo contra el parlamento. El nuevo populismo en España, 1989-2013.

En su faceta como divulgador, Xavier Casals es autor de un interesante blog sobre extremismos y democracia: http://xaviercasals.wordpress.com

 

  • ¿Qué convierte a una ideología en extrema?

En general la convierte en extrema su posición en el arco político, en la medida en que su discurso lleva al extremo o radicaliza los postulados de otros partidos. Si es de derecha, es de extrema derecha y, si es de izquierda, es de extrema izquierda. Es un maximalismo y, en el caso de la extrema derecha, fundamentalmente sería un discurso muy centrado en la defensa de la identidad, una identidad que se percibe como amenazada, y a la vez también bascula sobre la bandera de la protesta: la protesta contra el establishment. Estas son las dos grandes banderas de lo que sería la extrema derecha en términos genéricos.

  • En un análisis en su blog comentaba que no se puede confundir la nueva derecha populista con el neofascismo. ¿Qué los diferencia?

Es una cuestión compleja. En algunos casos puede que sea muy difícil distinguir fronteras nítidas, pero las podemos ver si miramos el Frente Nacional en Francia y Amanecer Dorado en Grecia. El Frente Nacional, dirigido ahora por Marine Le Pen, a diferencia de la etapa en que estaba dirigido por Jean Marie Le Pen, aspira a dejar de ser una formación antisistema para convertirse en un partido de gobierno; por simplificarlo de algún modo, a reemplazar a lo que era la derecha conservadora. Sin embargo, si miramos hacia Grecia, Amanecer Dorado es un partido de filiación neofascista, con milicia, que incluso ha sido vinculado a un asesinato, que ha proclamado su rechazo a la democracia de modo explícito, que además tiene un discurso contra la inmigración radical y acentuado. Por tanto hay muchos tipos de partidos. En este sentido habría una derecha que oficialmente proclama su respeto por el funcionamiento democrático, como el Frente Nacional, y habría otra, mucho más radical, de tradición neofascista, que ahora parece emerger tanto en el caso de Amanecer Dorado como en el de Nuestra Eslovaquia, partido de filiación neonazi que en la región eslovaca de Banská Bystrica ganó las elecciones regionales del pasado mes de noviembre con el 55,5% de los votos

¿Qué está ocurriendo con la crisis económica? Que los partidos de derecha populista pueden quedar erosionados y dejar lugar a partidos mucho más radicales y de protesta. En este sentido no hay que perder de vista dos elementos: por una parte que los partidos de extrema derecha no suelen emerger de modo único en su sistema político, sino que tienden a hacer eclosión cuando hay un cambio general en el sistema de partidos. Por ejemplo, los partidos de derecha populista en los años 80/90 hicieron eclosión al mismo tiempo que la izquierda ecologista o los ecologistas libertarios. Es decir, los viejos partidos se desgastaron y dejaron espacio para nuevas formaciones, tanto a la derecha como a la izquierda. Los nuevos partidos surgen, en buena medida, porque los grandes partidos tradicionales no son capaces de recoger las demandas sociales que existen. Y a la vez también los partidos de esta derecha populista o extrema derecha surgen porque el sistema entra en una crisis de confianza ciudadana. Resumiendo: no es que la extrema derecha genere una crisis del sistema, es la crisis del sistema la que ofrece posibilidades de ascenso a la extrema derecha.

  • Algunos sondeos apuntan a que la extrema derecha podría conseguir 90 diputados de los 764 del Parlamento Europeo en mayo. ¿Cree que será así y, en tal caso, que consecuencias cree que tendrá?

Creo que conseguirán unos buenos resultados y que tendrá una consecuencia muy importante y es que el discurso antieuropeísta ganará centralidad. Es decir, ahora es un discurso que está en los márgenes, pero cada vez se oye con mayor intensidad. Una vez consiga este porcentaje de parlamentarios o una cifra que podría ser muy elevada, puede no sólo que tenga un grupo propio, sino que incluso tenga dos. ¿Ello que implicará? Pues que habrá unas posiciones de oposición a determinadas leyes o propuestas de ley que tendrán poderosos altavoces. En este sentido yo creo que los responsables políticos de la Unión Europea deberían revisar cómo han gestionado la crisis, en el sentido en que la Europa social ha quedado en un segundo plano tras la Europa de los mercados. Por simplificar, la Unión Europea se ha proyectado como un singular cobrador del frac que cobraba los rescates a los países pobres: pasaba factura a los países ricos para que rescataran a los pobres. Es francamente poco atractivo y estimulante para los ciudadanos apoyar a una Unión Europea que quizá haya tenido un papel decisivo en estabilizar la crisis, pero que su proyección ha distado mucho de ser la de una Unión Europea al servicio de los ciudadanos.

  • Dentro de la extrema derecha europea, ¿cree que algún país, algún líder o algún partido en concreto lleva la batuta e influye en el comportamiento del resto?

Creo que influyen más los que consiguen mejores resultados electorales, por motivos obvios: son los que muestran un camino a seguir. En estos momentos,  según un sondeo publicado por Le Monde, un 34% de los franceses está de acuerdo con las ideas de Marine Le Pen. Por tanto, Marine Le Pen puede ser un ejemplo a seguir para partidos que quieren crecer y abandonar posiciones antisistémicas, y al mismo tiempo Amanecer Dorado puede tener eco en círculos minoritarios de la extrema derecha, como puede ser en determinados sectores de España. ¿Por qué? Porque muestra cómo un partido que era marginal en poco tiempo puede llegar a obtener una presencia institucional importante. Generalmente lo que marca el camino es el éxito que tienen los distintos partidos y, sobre todo, los temas con los que consiguen este éxito electoral. Para entendernos, en los años 80 fue Jean Marie Le Pen el que puso una nueva bandera a la extrema derecha, que fue la inmigración y el orden público. Hasta entonces era la nostalgia del pasado o lo que se denomina chauvinismo del bienestar, que es la defensa de la prioridad de los autóctonos en recibir las prestaciones del Estado de Bienestar. Ahora vamos viendo como, por ejemplo, por una parte emergen discursos islamófobos, que asocian globalmente el Islam a una religión de conquista, sin diferenciar entre los distintos sectores que puede haber en la comunidad musulmana; pero también estamos viendo cómo esa islamofobia puede generar un paradójico giro laboral de estos partidos de extrema derecha. ¿En qué sentido? En que al presentar al Islam como amenaza de las minorías homosexuales o feministas, pueden dirigirse a sectores sobre los que antes tenían un escaso atractivo.

  • En su blog mencionaba que la extrema derecha europea se fortifica en sus referentes históricos mientras que en España las iniciativas de extrema derecha que han tenido cierto éxito electoral (PxC, E2000) evitan identificarse con ellos. Hablaba del peso de la “vieja memoria”. ¿Nuestra memoria pesa más o menos que la de otros países?

Los partidos de la derecha populista que consiguen buenos resultados electorales son partidos que se desvinculan del pasado, son partidos que no se proclaman generalmente de genealogías históricas y que, simplificando, miran hacia el futuro. Estos partidos son partidos de protesta y de defensa de la identidad nacional y, al proyectarse hacia al futuro, tienden a aglutinar un electorado transversal que puede ser muy amplio. Ahora hemos hablado de colectivos que pueden ser minorías, pero pueden extenderse a un electorado de protesta que puede ser tanto un antiguo electorado de derechas como de izquierdas. Pensemos por ejemplo que el Partido Popular de Austria (FPÖ) o el Frente Nacional francés han sido los partidos con mayor voto obrero. Las nuevas formaciones de extrema derecha se dirigen a un electorado muy amplio, transversal en todos los sentidos, que a menudo o en un elevado porcentaje se declara ninista, ni de derechas ni de izquierdas, y por tanto tienen un nicho de crecimiento. Además, en el caso de España, hemos de tener en cuenta que a la mayor parte de la población o del electorado, en buena medida el franquismo y la guerra civil son referencias que le quedan muy lejanas. Por consiguiente, movilizar este electorado a partir del recuerdo o la nostalgia de un régimen que la mayor parte del mismo no ha conocido es complicado.

  • ¿No pasaría lo mismo en otros países de Europa?

Si miramos la geografía de Europa Occidental -Europa Oriental tiene unas dinámicas distintas-, los tres países que han experimentado un desarrollo más difícil de la extrema derecha o más lento y con más características en común han sido los que tuvieron tres dictaduras anticomunistas: Portugal, España y Grecia. Si reflexionamos sobre la cuestión, nos damos cuenta de que en Portugal, a pesar de la dura crisis económica, la extrema derecha tiene unos resultados insignificantes. En España está territorializada y además con unos resultados solo a nivel local. Y en Grecia no ha conseguido una presencia institucional importante hasta hace prácticamente una década, e incluso ha conocido una mutación: ha perdido protagonismo lo que sería una derecha populista homologable a Europa, como era LAOS, y en cambio ha emergido una extrema derecha de ascensión neofascista (Amanecer Dorado), que es un fenómeno inédito hasta ahora en Europa Occidental. Por tanto, estos países que han conocido dictaduras anticomunistas durante la Guerra Fría es posible que conozcan unos desarrollos singulares de sus respectivas extremas derechas. Y además también ofrecen otro elemento de reflexión: crisis económica no implica automáticamente crecimiento automático de la extrema derecha. Si miramos Portugal o España, el ejemplo en este sentido es diáfano.

  • En el caso de España, ¿qué significaría la entrada de Vox en unas elecciones generales? Es un partido que se sitúa a la derecha del PP pero, ¿podríamos clasificarlo de extrema derecha? ¿Guarda similitudes con los partidos de extrema derecha europeos?

En el caso de Vox, por ahora, es un partido que se sitúa a la derecha del Partido Popular, es un partido que puede satelizar -sin que ello implique que sea de extrema derecha- a un electorado ultranacionalista, católico… pero también puede convertirse -aunque no disponemos de ningún sondeo y tampoco sabemos si Vox logrará captar más adhesiones de dirigentes significados del Partido Popular- en una derecha a la derecha del PP que aglutine un voto de protesta de sus electores descontentos con las políticas económicas, las políticas sobre terrorismo o también sobre las políticas económicas en el sentido de hacer recaer sus costes sobre las clases medias o en la mesocracia. En este sentido y yendo al campo de las especulaciones, sobre las cuales tenemos escasos elementos para hacer juicios concluyentes -por lo tanto cualquier hipótesis ha de ser provisional-, sí que podemos ver una tendencia de que vamos hacia un mapa político en España que puede llegar a tener tres ejes. ¿Cuáles serían? Haciendo una simplificación casi caricaturesca podríamos tener dos grandes partidos, que serían el PP y el PSOE, que seguirían la ortodoxia de las políticas económicas de Bruselas; por otro lado, a su izquierda y a su derecha pueden aparecer otros partidos contrarios a esas políticas, pero además tendríamos otro eje que sería el de partidos tradicionales y nuevos partidos. Si nos fijamos, están emergiendo una serie de nuevos partidos que, a pesar de sus grandes diferencias ideológicas, que pueden situarse en polos opuestos, sí presentan ciertas características comunes. ¿A qué me refiero? En general hacen bandera tanto de la protesta contra el establishment como de la defensa de una identidad amenazada, sea esta nacionalista periférica, española o regionalista, como puede ser el caso del Foro Asturias Ciudadano. Son partidos que rechazan definirse como tales; buscan denominaciones transversales: Ciutadans, que además escogió como segunda marca para presentarse a los comicios españoles Movimiento Ciudadano; Plataforma per Catalunya, Vox, que es el ejemplo más claro y remite a vox populi, vox Dei en cierto sentido; Unión, Progreso y Democracia, Compromís, Equo… Para entendernos, las nuevas formaciones pretenden no solo distinguirse de los partidos tradicionales en la denominación y en buscar un electorado transversal, sino que sobre todo apelan a valores: compromís, unión, progreso y democracia… y además y sobre todo, se presentan o pretenden proyectarse no como partidos, sino como movimientos cívicos. Es decir, ante unos partidos desacreditados, se alzan, metafóricamente, expresiones de la sociedad civil con forma de partido.

  • Un tanto paradójico criticar a los partidos políticos desde un partido político, aunque sea con otra denominación…

Es un elemento de reflexión en el sentido que los partidos tradicionales están agotando su tiempo político. Está emergiendo una nueva forma de hacer política que se sitúa en una órbita distinta. Ya no tenemos definiciones ideológicas tradicionales: socialdemocracia, democracia cristiana, liberalismo… sino que tenemos sobre todo valores, identidad y protesta antiestablishment. Y en el fondo lo que late es un ansia de democracia directa y participativa mucho mayor de la que tenemos, que en buena medida refleja este deseo de trasladar la plaza electrónica a la plaza pública. Es decir, si en Internet es posible una democracia directa y participativa -que en buena medida es lo que trató de plasmar en las plazas el movimiento del 15-M- por qué no es posible en la política. En este sentido el sistema parlamentario, concretamente en España nacido en el postfranquismo, da síntomas de evidente agotamiento. No solo ya de crisis de los partidos tradicionales, sino de desconfianza hacia el sistema y las instituciones, desde el Senado hasta los organismos judiciales, pasando por la misma Corona. Y por tanto estamos ante una decadencia de las viejas instituciones y la emergencia de una nueva forma de hacer política mucho más vinculada a las redes sociales, que busca una conexión más directa y a menudo emocional con el electorado, con unos mensajes más contundentes y, en este sentido, intenta reflejar una democracia más horizontal y participativa, mientras que los partidos tradicionales muestran todavía un funcionamiento jerárquico, vertical, con grandes dificultades para adoptar medidas como listas abiertas, para reformar los sistemas electorales… Por consiguiente auguro que el próximo ciclo electoral en sentido amplio -elecciones locales, generales y posiblemente en distintos Parlamentos autonómicos- veremos cómo en España asistimos a una caída muy importante y, eventualmente, al principio de su desintegración.

  • ¿La extrema derecha es por tanto más directa y emocional en su mensaje que otros partidos?

Como analista y estudioso de la extrema derecha me gustaría destacar que muy a menudo los medios de comunicación o los análisis amplifican el mensaje de la extrema derecha, pero se hecha en falta un análisis no solo de cuál es su mensaje, sino de cómo lo transmiten. Del mismo modo que se analizan mucho las campañas electorales de los grandes partidos, en el caso de la extrema derecha, sobre todo en España, no abundan las reflexiones de cuáles han sido su iconografía, sus carteles, sus lemas… A menudo se nos resume su mensaje diciéndonos que es un mensaje xenófobo, un mensaje antiestablishment, pero de cara al lector a veces es poco clarificador y se echa en falta una reflexión más a fondo sobre cómo transmiten este mensaje, a través de qué carteles, qué lemas han conseguido cuajar… y quizá valdría la pena no solo hacer hincapié en cuál es su mensaje, sino también en cómo lo transmiten.

Existe la percepción de que la extrema derecha transmite un mensaje sobre las esencias de la nación, cuando en realidad la extrema derecha se apoya en la cotidianidad, es decir, no es un nacionalismo esencialista. Te están diciendo: tú perderás prestaciones del Estado de Bienestar, tú verás cómo tu sueldo pierde capacidad adquisitiva, tú verás cómo tu cultura tradicional se diluye, es decir, no te habla de entelequias, de las esencias de la nación, sino al contrario, te habla de tu realidad cotidiana y se dirige a unos votantes, sobre todo en las periferias de las grandes ciudades, que ven cómo su barrio se ha convertido en suburbio. A menudo se cree que la extrema derecha es esencialista en sentido caricaturesco, que reclama una nación idealizada, pero no podemos olvidar que la extrema derecha busca movilizar un electorado con mensajes muy cercanos, muy materiales y muy cotidianos. Todavía se cree que, poniendo el ejemplo de Francia, el Frente Nacional apela a Juana de Arco, cuando en realidad lo que dicen es que en lugar de polenta habrá cuscús, que cuando vayas a la seguridad social serás el último, que tu sueldo bajará por la competencia de los precios, etc. En este sentido, hecho de menos elementos de reflexión de cómo se transmite el mensaje de la extrema derecha, porque el mensaje se puede resumir de muchas formas, pero es muy interesante observar cómo se vehicula.

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