En el nombre del Padre, del Hijo, ¿y del Espíritu Político?
Análisis comunicación política

En el nombre del Padre, del Hijo, ¿y del Espíritu Político?

22/07/2010

Casi sin darnos cuenta, la política ha ido perdiendo (o expulsando) a sus más brillantes pensadores, renunciando a hacerse preguntas profundas, para ofrecer respuestas superficiales, de manual. Sin sentido. Eso es lo que nos aleja del sentimiento de las personas, la ausencia de sentido y profundidad de muchas prácticas y políticas públicas que parecen incapaces de comprender la complejidad y el vacío que provoca una política sin espíritu.

Se trata de un fragmento del artículo “El espíritu de la política“, de Antoni Gutiérrez-Rubí. Últimamente ando “espesita” y bloqueada mentalmente, así que no he sido capaz de escribir nada. Pero el título de este artículo de Gutiérrez-Rubí me ha transportado a mi más tierna niñez, cuando mi abuela se empeñaba en enseñarme a rezar y acababa casi todas las oraciones con “y el Espíritu Santo. Amén”. Yo repetía como un lorito, a veces medio dormida, y no entendía muy bien ni por qué debía rezar antes de dormir -francamente, prefería un buen cuento- ni quién era ese Espíritu Santo que siempre iba disfrazado de paloma.

Espíritu de aventuraEl espíritu de la política, ¿forma parte de alguna Santísima Trinidad? ¿Quién representaría entonces al Padre y al Hijo que se sienta a su derecha?

Preguntas absurdas a parte, Gutiérrez-Rubí habla de la necesidad de una triple reacción en política: más meditación, más espiritualidad y más filosofía. Argumenta que los líderes políticos deberían contar con una mayor riqueza espiritual y una actitud reflexiva y pausada. Y no es que esté en contra de sus argumentos, pero en la sociedad de la inmediatez en la que vivimos hoy eso de ser reflexivo y pausado suena casi como a defecto. La “omnipresencia” que Internet y los nuevos terminales móviles permiten nos “obliga” a estar siempre conectados y dispuestos a comunicarnos en todo momento. ¿Quién no ha recibido una reprimenda cuando algún amigo ha intentado localizarle sin éxito? Esa típica frase de “para qué tienes el móvil?” Además, el estilo de vida competitivo y de constante superación en el que estamos sumergidos casi todos nos fuerza a estar siempre a la última, a saber de todo, a valer “tanto para un roto, como para un descosido” y, encima, saber hacerlo bien, sin olvidarnos de cuidar nuestra imagen exterior.

La reflexión siempre es necesaria. Se debe pensar antes de actuar, pero lamentablemente hay muchas veces en las que llegamos tarde y toca actuar ipso facto.

Creo que en política esa reflexión y actuación pausada sólo es posible, como muchas otras cosas, a través de la profesionalización. Nuestros líderes deben rodearse de buenos equipos de expertos que les ofrezcan reflexiones y datos contrastados que les ayuden a tomar decisiones inteligentes. Deben actuar de corazón, evitando las promesas populistas y con una visión a largo plazo. Estoy segura de que un buen trabajo previo les permitiría entonces dedicar más atención a su vida interior, con todo lo que se ahorrarían en rectificaciones y maldecaps varios.

 

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