Comunicar requiere tiempo y esfuerzo:  Errores frecuentes a la hora de hablar en público
Comunicación personal

Comunicar requiere tiempo y esfuerzo: Errores frecuentes a la hora de hablar en público

15/02/2012

Hablar en público no es nada fácil. Llegar a transmitir un mensaje con eficacia y mantener en tensión a un auditorio para que te dediquen su atención es un trabajo de chinos, pero lo que no es admisible es que se menosprecie a la gente que ha decidido –por la razón que sea- dedicar parte de su tiempo a escuchar tus palabras. Un discurso/ponencia/intervención o cualquier otro tipo de interacción con el público requiere una preparación previa y una interiorización por parte del orador.

hablar-en-publicoEl listado de observaciones que anoto a continuación son precisamente eso, anotaciones hechas en vivo y en directo mientras escuchaba a una serie de personas que se dirigían al público como un mero trámite, sin una pizca de ilusión ni implicación en su lenguaje. No he añadido ningún consejo de manual. Me he limitado a lo que experimenté en aquel momento. Estoy convencida de que, si hubieran trabajado su discurso, el número de “errores” que cito a continuación se reduciría a la mitad.

Con todas las reformas educativas que se hacen en este país, podríamos plantearnos imponer una asignatura que nos enseñe a hablar en público, a comunicar mejor, a ser grandes oradores. No es nada descabellado. Lo hacen en la mayoría de países de Europa. Pero como aquí parece que el clima nos vuelve a todos “mu salaos”, obviamos un punto fundamental: nuestra deficiente comunicación nos resta competitividad en el mercado internacional.

¡Vayamos pues a los hechos!

– Todo comienzo debe estar bien preparado y ser capaz de “atrapar” al oyente. Si leemos literalmente hasta el saludo inicial, tapándonos incluso la mirada con el papel y trabándonos, mal vamos…

Evitar el “efecto Almodóvar”. Es decir, no desperdiciemos el arranque de nuestra intervención –que es un momento clave para despertar el interés sobre nuestro relato- para dar las gracias hasta al último santo de nuestro pueblo. Si no tenemos más remedio –o lo creemos estrictamente necesario- hacer un agradecimiento muy breve y sin grandes explicaciones. El auditorio seguramente no conoce a las personas que citamos, se aburrirá y desconectará.

No pidamos disculpas por todo lo que haremos mal a continuación. Si nos equivocamos, ya lo verán. No hace falta remarcarlo, sobre todo porque eso implica que estamos asumiendo ya de entrada el error y la predisposición del orador influye mucho en la calidad de su mensaje. (Por ello es recomendable hablar “como si” fuéramos el mejor orador del mundo. El poder de la actitud es impresionante).

– Vivimos en un momento en el que sobra pesimismo por todas parte. ¡Un poquito de alegría y energía, por favor!

Miremos al público. Estudiémoslo. Observemos sus reacciones a lo largo de nuestra intervención. Adecuemos a él nuestra exposición. (Sobra decirlo, pero para conseguirlo es necesario haber preparado previamente bien el discurso. Si tenemos que leerlo palabra por palabra, va a ser complicado que podamos observar más allá del papel)

– Olvidémonos  de las frases interminables en las que hasta nosotros mismos nos perdemos. Sé que lo digo muchas veces, pero no me cansaré nunca: frases claras, breves y bien estructuradas: “La persiana és verda (Josep Pla dixit)!

Cuidemos mucho nuestro lenguaje no verbal: dar puntapiés continuamente –lo que algunos hombres insinúan que es bailar-, tocarse el pelo compulsivamente, recolocarse las gafas sin parar, caminar adelante y atrás estilo Chiquito de la Calzada… son gestos que distraen al personal y hacen que desvíe su atención de lo verdaderamente importante.

Reduzcamos el uso de muletillas. Todos solemos utilizarlas, especialmente cuando estamos nerviosos, pero no deben exceder en cantidad al resto de palabras. Resultan muy molestas.

– Utilizar bien los silencios y pautar bien un discurso es un don que pocos dominan, pero es necesario esforzarse por hacer las pausas necesarias, romper con la monotonía y marcar con el tono de nuestra voz y nuestro lenguaje corporal los puntos álgidos de nuestro discurso.

Empaticemos con el público e intentemos emocionarlo (N.B. Es imprescindible que nosotros nos emocionemos al hablar para conseguirlo)

– Lo bueno, si es breve, dos veces bueno. Pues eso. Los sermones sin fin desesperan a cualquiera. Si ya de por sí es difícil mantener la atención del público, todavía lo es más si hablamos más de la cuenta. Este punto es especialmente importante si detrás de ti (o previamente) aún quedan unos cuantos por hablar.

– Las metáforas enriquecen y simplifican mucho un mensaje. Aumentan las posibilidades de que (parte de) nuestro discurso sea memorable a través de ejemplos concretos. ¡Utilicémoslas! (Dije que no añadiría consejos de manual, pero os recomiendo este post de Teresa García publicado en el blog de Yago de Marta sobre la comunicación metafórica.)

– Al siguiente punto lo llamo complejo de hombre-enciclopedia. No nos pasemos de culturetas citando filósofos sin parar y anécdotas de alto nivel intelectual. Alguna puede ser interesante. En exceso desbordan y agotan a nuestro interlocutor. Es casi mejor recurrir a la anécdota graciosa que contarías en el bar de la esquina. Será más memorable y despertará alguna sonrisa.

Si estructuramos nuestra intervención en diversos puntos:

1) Procuremos que sean pocos

2) Enumeremos y citemos en un principio todos las partes a tratar y procuremos recapitular de vez en cuando para refrescar la memoria de quien nos escucha.

3) Seamos breves explicando cada apartado o el oyente se perderá a medio camino y no entenderá la relación entre las partes.

– Recordemos que no hacemos la conferencia para nuestros pies. Parece obvio, y lo es, pero es el típico problema de la gente que lee sin parar desde un atril en el que los papeles le quedan a una altura inferior a la adecuada.

– Otra obviedad: un atril no es la barra de un bar. No nos apoyemos en él como si le habláramos a un colega un sábado por la noche. ¡Cuidemos también nuestra postura corporal estando de pie: procuremos no encorvarnos!

 

– Debemos transmitir ideas, conceptos y, en definitiva, un mensaje global. Cuando preparemos una intervención, hagamos el ejercicio de resumir en una frase lo que queremos decir. Ayuda mucho a la hora de estructurar el discurso.

– Vistamos ropa cómoda. Las mujeres evitad vestidos con tirantes que se caen sin parar o ropa excesivamente ajustada. Los hombres tened en cuenta que el traje de la comunión se os quedó pequeño a los 9 años…

– Conocer la sala y el decorado de fondo puede ser útil a la hora de vestirnos. Así nos libraremos del “efecto camaleón” (si todo el fondo es azul y nos ponemos un traje del mismo tono, marea un poco).

– Pelito limpio y maquillaje, el justo y necesario. Los complementos son, como su nombre indica, para complementar, no para “protagonizar”.

¡Cuidemos cada palabra que decimos! ¡Connotan todas (evidentemente) y debemos escogerlas muy bien para que favorezcan nuestro objetivo comunicativo!

– Un apunte para los organizadores de eventos: ¡tengan piedad de los calvos! En muchísimas ocasiones la iluminación recae justo sobre su cabeza, de manera que se convierten en pantallas reflectantes. También es importante cuidar los “mensajes” y decorados de fondo: carteles de salida de emergencia que quedan a la altura de la cabeza del ponente para el encuadre de las cámaras, textos que puedan ser fotografiados parcialmente con fines un tanto “perversos”, etc. (Aconsejo al orador que mire siempre lo que tiene detrás, por si las moscas…)

Para finalizar, unos apuntes que no escribí en función de lo que sentí en las conferencias, sino que me vienen a la cabeza “para subir nota”:

– Pocos dominan este arte, pero, si somos capaces, demos un toque de humor a nuestro mensaje. ¡Le dará un gran valor añadido!

– El storytelling (bien utilizado) puede ser un gran aliado, ya que ilustra y simplifica un mensaje mayor (en el fondo no deja de ser como una gran metáfora).

– Si es necesario animar al personal o convencerlo de algo, ¡preparemos una buena arenga!

– Busquemos frases memorables y emotivas que podamos intercalar en nuestra intervención y pronunciémoslas sin miedo y con convicción.

And last, but not least: ¡dejemos un buen sabor de boca! ¡Preparemos un final épico y memorable!

Nadie dijo que fuera a ser fácil. Pero con voluntad y esfuerzo estoy convencida de que todos podemos ser grandes oradores.

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Follow Sandra on

  • Un artículo excelente. Te ha faltado decir que, si te escribes las notas de la ponencia a mano, hazlo con letra que luego puedas entender, no te pase como a cierto político en un programa en directo.

  • SorMaríalaLoca

    Tremendamente útil, Sandra, para aquellos a los que nos toca, de vez en cuando, comunicar. Como dices, nadie nos enseña este conocimiento, sin duda, más importante que las matemáticas. A la vista está que hay gente capaz de hacer creer al público que 2 menos 20 son 40, como poco!.

  • Gran article! Per cert, explica Manuel Campo Vidal sobre Winston Churchill que deia: “He preparat meticulosament aquesta improvisació” 😉

    • Bona frase! Gràcies pel teu comentari, Juanma! Una abraçada

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